miércoles, 1 de agosto de 2012

Soliloquio


En medio de tanto silencio en el pasillo de aquel hospital, casi digno de mi presencia, de mi cuerpo cansado y de mi mente angustiada, sucedió algo que me distrajo unos minutos. Un hombre bien vestido, joven y casi guapo apareció en un abrir y cerrar de ojos. Aconteció lo siguiente.
-¡La voy a matar, la próxima vez que la vuelva a ver, la mato! ¡Me busca, cuando ya le dije que me deje en paz, no la soporto, merece que la mate!-.
Yo, sentada en un banco en aquel pasillo miré a lo largo y vi al hombre que gritó muy enojado, parado en frente de un banco solitario. Prosiguió entonces.
-¡Esa maldita prostituta, no me deja y yo quiero que me deje, me llama y ya le dije que no quiero verla más, es una prostituta y la voy a matar!-.
Lívido, con una bolsa en la mano vi que empezó a caminar hacia donde yo estaba, entonces agaché la cabeza con la intención de ignorarle. Se quedó inmóvil delante de mí, entonces subí la mirada y trate de no mirarle desdeñosamente con el fin de que no se sobresaltase, ya que pensé que estaría algo borracho por las vociferaciones que hizo antes.
-¡A mi mamá la voy a matar, porque la odio! Y de verdad, yo la voy a matar porque soy un asesino, ya he matado a personas-. Lo dijo contundentemente. Se quedó inmóvil y pensativo. No me miraba, solo estaba parado en frente de mí.
Por un instante, sentí pasear a mi sangre con furia y velocidad por mis venas, mi pulso se aceleró. ¿Estaba yo frente a un asesino, o frente a un hombre ebrio, o más bien frente a un enfermo mental charlatán?
-Pero si yo mato a mi madre, me iría a la cárcel, y yo no quiero eso. Y si la mato, me voy a quedar solo. Ella ya está vieja- carraspeó, y siguió -tiene 44 años, ya está vieja…-.
En ese entonces, supuse que se trataba de un ser humano con pensamientos diferentes, que vive en su mundo, que está en conexión con lo real y lo irreal. Un enfermo mental.
-Yo me tengo que ir a la casa de mi abuela, anoche fui porque no quería quedarme a dormir en la calle, y me ofreció el sofá. ¿Cómo cree que yo voy a dormir en el sofá?, pero ni modo, iba a ser peor dormir en la calle-.
Realmente me sentía cansada, y estaba de mal humor, y sus gritos empezaban a irritarme. Entonces le dije:
-Entonces vaya, que está oscureciendo y se quedara sin bus y dormirá en la calle-.
Se puso serio, tenía la mirada vacía, se puso rígido y hacía mohines.
-Yo voy a ir a la casa de mi abuela, porque no quiero dormir en la calle-.
Se alejó de mí, sacudiendo su bolsa y siguió derecho hacia el siguiente banco en donde tampoco había nadie. Ya no lo escuché, y lo perdí de vista fácilmente.
Me dije entonces:<< y pensar que en poco tiempo voy a tener que tratar con estas personas>>.
Ese miserable momento, me causó congoja y me puse más firme en cuanto a la misantropía.

1 susurros:

Paréntesis dijo...

siempre podemos dedicarnos a enseñar
...
y otras cuestiones acerca de esas personas que preferiría hablar con usted cara a cara, medio ebrias y entre humo

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